Muchas veces, me preguntan cómo empecé a practicar Tai chi. Generalmente utilizo la versión corta basada en el currículum: mi primer maestro lo conocí en .. ,

Pero en algunas ocasiones, que la atención y el momento lo propician, me extiendo a la versión larga,  más fresca, a mi entender.
Mis primeros maestros de Tai chi, fueron los grillos.  Los grillos de campo, esos que en Asturias comienzan con su hipnotizante canto, allá por finales de abril y acaban a finales de julio, más o menos.

Al principio de temporada nos juntábamos un grupo de 4 u 5 chic@s.  Esperábamos a que hubiera un buen numero de cantores en los prados.  Que la tierra no estuviera empapada, que la hierba no estuviese demasiado alta, a que el sol calentase suficiente…

Algunos años no era fácil juntar todas estas circunstancias  en esta parte de España. Así que, no quedaban demasiados días para organizarse.
Esperábamos también que no hubiese otras pandillas en “el prao”, pues, cada grupo tenía sus estrategias para la caza, y el nuestro tenía sus condiciones.

La primera , el silencio. Estábamos juntos, sí. Éramos niñ@s, sí. Pero allí, en la hierba, sólo había.. atención.

Atención a los cantos, al viento, a las distancias, a la espera. Atención a los sonidos sutiles, que nos permitían distinguir el roce de las hierbas, del cierre de las alas de los grillos. Incluso la velocidad con la que las cerraban, cuando se ponian en alerta. De todo esto,iba a depender cuánto tiempo necesitabas esperar inmóvil, a que se le pasara el susto y volviera a sentirse confiado y cantar.  Qué alegría cuando esto sucedía, era el triunfo de la quietud . Merecía la pena , pensaba en silencio.

La segunda eran “las armas de caza”. No valía cualquier cosa, incluso por muy desesperado que estuvieses, aunque te frustraras  o te embelesase un canto:¡¡¡jamás podías inundar con agua su casa para sacarlos!!!. Y mucho menos “mear” la cueva . Esta era la principal causa para no convocarte más en el grupo.

El fin no era el grillo, aunque a los principiantes les pareciera un buen objetivo. Lo importante era cómo te hacías con el grillo. Cómo  hacías para sentirte digno de tenerlo en tu casa.

La estrategia más valorada por mi , era cuando podía acceder a la cueva aún con el grillo fuera cantando. No era  habitual, no sucedía todos los días, sobre todo al principio de temporada que se muestran más desconfiados. Para lograrlo tenías que ir a la cueva de manera pausada y sigilosa.  Los últimos metros eran decisivos, podías echar un buen rato entre paso y paso.

Inmóvil, a veces, levantaba la vista del suelo para mirar a mis compañeros, era un placer encontrarlos en una situación parecida. Nos sentíamos  en una tribu, a la caza, respetando la presa y la vida, tal como se ofrecía allí, para nosotros.

El momento decisivo era cuando veías la cueva y el grillo fuera cantando. Ahora sólo tenía que acercar la mano lentamente,  tenía que tapar la cueva con el pulgar, antes que su instinto le hiciera volverse asustado al refugio. Entonces se encontraria con el tapón. Esta vez él se quedaria inmóvil , sin dar crédito a lo que sucedía, y así se dejaba coger suavemente con la otra mano.
Quedaba solo una inspección  para finalizar , las marcas de las alas, que no le faltase alguna pata… y con el trabajo hecho, lo transportaba en una caja de zapatos con algunas hojas de lechuga.

 

Durante muchos años no supe que el Tai chi era el Tai chi, para mi, era cazar grillos. En aquella famosa serie televisiva de Kung-fu, aparecieron, en un capitulo, las siluetas de unos chinos moviendose muy despacio en un parque.. y un poco después, otros chinos llevando sus jaulas de grillos a un restaurante. Así que mi conclusión fue, que primero estaban cazando grillos y después se reunieron a escuchar sus cantos…

Pasaron muchos años más, hasta que estando  con unos amigos en un merendero escuché un grillo, y me propuse cogerlo. Sin decir nada, me levante de la mesa y utilicé la misma estrategia, que entonces. Un amigo, Alex,  me pregunto: qué estas haciendo Tai chi? . Lo miré intrigado y le pedi me explicase de que iba eso 

Años más tarde fuí a mi primer taller de Ta chi, en Asturias, Era el año 85…. del siglo pasado…

Con el paso del tiempo me doy cuenta que sigo cazando grillos. Que aquellas reglas de caza me siguen sirviendo para saber qué es lo que me gusta del Ta chi y de sus vertientes en el trabajo a dos “el Tui shou”.  Me han servido también para escoger, maestros, compañeros y estudiantes , en el camino…

Algun otro amigo me ha dicho también, que utiliza el sonido de los grillos para dormir mejor.  Su cadencia sonora tiene muchas  implicaciones en el cerebro, que inducen a la relajación y el bienestar,  lo puedo asegurar.
Gracias a mis queridos maestros los grillos, !!!que vivan por los siglos de los siglos!!!.

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