Durante mi adolescencia fui  el “sparring” preferido de mi amigo y vecino de puerta “Tito”, el cual llego a ser subcampeón mundial de lucha Sambo , no fue por mi ayuda claro…sino a la buena labor de  su entrenador “Cechyni”, que ya  era entonces  campeón mundial de esta disciplina, aunque  luchaban en distintas categorías.

De aquella experiencia llegué a a unas conclusiones sobre la lucha Sambo, que eran  mezcla de reglas y pelea de barrio , pues yo no iba al gimnasio ,donde  eran famosos los hermanos “Cechyni”. Fue  “Tito” quien se  esforzaba por enseñarme  en nuestros encuentros (en la escalera  o… donde pintara) los detalles de este arte y sus pautas.  Al tiempo yo utilizaba toda suerte artimañas aprendidas con los “colegís del barrio”. Nuestras lesiones y enfados se pasaban rápido de aquella: un día o dos, y de nuevo brotaba la amistad y las ganas de luchar. Gracias “Tito”.

Cuando comencé a practicar Tai chi chuan, ya madurito, , me encontré como muchas dudas en la disciplina de a dos del Tai chi, en cuanto ¿que hacer? y ¿como? . En principio, estaba más a gusto en los ejercicios formales (con forma) ya que “aquello “ acababa generalmente “bien”, en el sentido de que  los dos nos sentíamos reconfortados y habíamos utilizado lo mejor de nosotros para compartir.

Los tropiezos llegaron cuando apareció el “encuentro libre”, donde unas pocas normas, como por ejemplo: no mover los pies, se interpretaba de distintas maneras por ambas partes,  teniendo que reconocer, en ocasiones solo ante uno mismo, que en realidad la ventaja  se había obtenido al margen de los principios del Tai chi, es decir como tensión muscular.

A pesar de este” reconocimiento interno”, me introduje en algunas competiciones, donde un arbitro intenta validar aquello que pertenece al Arte y lo que no, mi experiencia en este ámbito no fue muy larga, además de tener las mismas impresiones que en la anterior etapa (saltarme las reglas del Tai chi), vinieron algunas lesiones.

En este tiempo,  habían pasado más de 15 años, ni las lesiones, ni los enfados se pasan tan rápidos,   así que renuncie, por mi incapacidad de disfrutar, de estos encuentros competitivos, que por otro lado, hay que decir, también son lúdicos y estoy seguro de gran aprendizaje para muchos otros compañeros.

Me orienté entonces hacia algunos profesores y procedimientos técnicos,  en los que “la renuncia a ganar” estaba más presente, algunos de aquellos  profesores  ya había conocido, pero, no me habían seducido, no veía entonces lo que escondía  esta renuncia. Fui paulatinamente abriendo  los ojos a lo que se cocinaba, en los encuentros con estas personas, a veces,   solo con unos ligeros movimientos en el cruce de manos, podía percibir todo” el camino “que esta persona tenia , al tiempo, que relucían mis  barreras defensivas. En algún momento, llegue a sonrojarme al mirarlos a los ojos, pues intuía, que estaban también viendo la cantidad de conflictos que dejaba traslucir.

Fue y es,  una etapa larga en mi evolución,  intimista  y en la que en más de una ocasión:  el Tai chi y el esfuerzo que implica, pierde el sentido.

Después de estos 25 años, cada día me siento menos un “artista marcial”, por lo menos, en el concepto que impera en el mundo de las artes marciales.  En la mayoría de las ocasiones intento renunciar a vencer mas allá de utilizar los medios del Tai chi  y  así el fin marcial, se diluye en un presente donde el compañero me empuja a buscar  la respuesta necesaria, la acción más eficiente, más creativa y por tanto menos dañina para esta relación de intercambio de intenciones.

Desde esta suerte de practica de encuentro, me siento, mas liberado de las demostraciones, lo que me permite si las dos partes están por la labor, buscar “senderos de complicidad”, al tiempo que sentir el implacable aguijón de caer, y ahora darte cuenta  que solo es por  ti , por mantenerte rígido, distraído y sin recursos en una postura.

Gracias  al fin, a todos los que en este camino nos hemos encontrado, a los que hemos disfrutado y sobre todo con los que hubo algún desencuentro, pues, de ellos me he inspirado en este tiempo.

Gracias también a los que nos encontraremos, pues en ellos tengo la esperanza de encontrar algunas respuestas que  se resisten.

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